Chile: El arte de no saber centrar

La selección cosechó solo un empate ante un defensivo sistema boliviano y se aleja de los puestos de avanzada para Rusia 2018.

Imagen: Extraída de TVN.cl

Nuestra selección no pudo ante su par altiplánico. Dos lineas de 4 bien marcadas y un sólido portero, hicieron de la visita, un hueso duro de roer.

Es así como los dirigidos por ‘macanudo’ no pudieron con el cerrojo verde.

Vidal errático, Alexis impreciso, Millar intrascendente, Aranguiz con más ganas que fútbol y un Fuenzalida que chocaba con los volantes, fueron la tónica y la consecuencia del planteamiento boliviano, que hicieron perderse a un goleador de raza como es Vargas.

Al no poder avanzar por el centro, Chile apela al desempeño de sus laterales. Mena e Isla son los llamados a desbordar y por consiguiente, se espera que hagan la diagonal o centren, en esta tarea, también participa José Pedro Fuenzalida.

Lamentablemente se abusó de este expediente, y si sumamos los intentos de tiros detenidos, el resultado es claro; Centros erráticos, imprecisos, la mayoría a las manos del portero Lampe.

El ‘Keno’ desborda poco. Se le debe pedir al menos centre bien cuando tenga la opción. Por acá se extraña a Beausejour, que quizás no es un buen centrador, pero imprime velocidad y saca pases a nivel de piso.

El ‘huaso’ ya no es el de antes. Eran habituales sus pasadas por la espalda, sus paredes con Alexis y sus centros, quizás no tan precisos, pero con intención. Varios goles han nacido de sus pies.

La mayoría de estos ataques, hicieron figura al portero boliviano.

Necesitamos relevo por las bandas o trabajo al momento de desbordar. Hay buenos elementos, pero no se tuvo expertos en cabezazos en delantera ni alguien que pudiera embolsar aquellos balones. Vargas juega más por fuera o apela a su velocidad. Alexis, algo similar y Pinilla, nunca ha sido el jugador que la roja necesita.

Chile no tuvo profundidad por las bandas, no ganaron esos mano a mano en ofensiva y cuando lo hicieron, esas pelotas tenían un destino claro, las manos de Lampe.

Quizás Puch era solución, quién sabe, la lesión de Matías complicó alguna sustitución. En fin, después de la batalla, somos todos generales.

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