|COLUMNA| Un futuro adelantado

DESDE ESPAÑA CON AMOR

Autor | José Luis Pena

Imagen extraída de adnradio.cl

Familia alba; compañeros de @SomosChileRadio y @DaleAlbo; creyentes de otros dioses y de quienes hicieron de mis columnas un espacio compartido en medio de la distancia:  

Mucho se ha escrito y hablado del asunto Paulo Garcés. Pareciera ser el único tema que tiene sumido a la hinchada alba en un océano de preocupaciones, pero es cuestión estrella estos días. Los errores de nuestro arquero convierten el presente del Cacique en un maremoto cuyos efectos finales vendrían a ser el eclipse total de la estrella 32, como si no hubiese otros factores determinantes a la hora de verla emparedara entre un muro de ladrillos.

Pero tarde o temprano, más temprano que tarde, seguramente, en el seno de Colo-Colo se debía afrontar el hecho de que la vida deportiva de Justo Villar está tocando a su final y llega la hora del relevo. Sólo que el futuro se plantó delante en forma de lesión y de cuyas consecuencias finales ni el propio interesado sabe la respuesta.  

Si el futuro se plantó frente a nuestras narices es porque el presente así lo quiso. Que nos pilló a tod@s con el paso cambiado es un hecho probado. En nuestra cabeza, de manera inconsciente, se instaló hace algún tiempo el estereotipo mental que sin el aporte, sobriedad y buen hacer del guaraní, todo se volvería más cuadrado y menos lineal.

Se cumple a la percepción el estatuto de los sueños hechos realidad. En nuestro ideario de buscar y alcanzar lo excelso, aquello que nos asegura un hoy placentero y un mañana más o menos agradable, damos por hecho lo eterno de las cosas sin percibir que todo cambia o se transforma.  

De igual manera que almacenamos los recuerdos bonitos en ese rincón del pensamiento que cubre de esperanza nuestro presente, relegando lo malo vivido a las cuevas del olvido, lo mismo hacemos con las imágenes de nuestros ídolos. Y Justo Villar hace tiempo alcanzó tal estatus.  

Si verle partir nos duele en el alma, anticipándonos a un futuro no muy distante, más cruel resulta comprobar que el vacío creado por su ausencia difícilmente podrá ser rellenado cuando los márgenes de maniobra se empequeñecen. Nos negamos a creer en la llegada de un día donde los recuerdos (por lindos que sean) pasen a engrosar la lista de lo que fue una realidad y luego es memoria.  

Justo Villar es un icono cuyo fulgor se ve apagado por una serie de lesiones propios de un jugador de fútbol y no por la edad que marque el carnet de identidad. Lo que duele (a él, a nosotr@s, al fútbol) es la crueldad con que es tratado por un deporte donde, esperemos, siga dándolo todo.

Su reemplazo, en circunstancias normales ya sería de por sí traumático. Los responsables técnicos de ese momento tendrán que hilar muy fino a sabiendas de que la sombra de Justo Villar es alargada. Todavía ese instante no llegó, pero habrá que ir preparando el terreno para cuando se de tal circunstancia.

UN PROBLEMA LLAMADO GARCÉS

Si bien Justo Villar no se ha jubilado, la verdad es que sus continuas lesiones y lo extenso de sus recuperaciones dieran la sensación de estarlo. Aquí, el cuerpo técnico encabezado por Óscar Meneses y seguido por Pablo Guede no se han encontrado en la disyuntiva de contratar un buen recambio.  

Los quebraderos de cabeza vienen auspiciados por un portero suplente que otorga más dudas que certezas, sumido como está Paulo Garcés, a día de hoy, en un mar de inseguridades y dudas, convirtiendo sus participaciones en un pasaje del misterio. Sabe de lo cuestionado de su labor. De sus errores de principiante. De la poca seguridad que otorga a una zaga desbordada por los acontecimientos (lesiones, decisiones técnicas, intensidad de los rivales…) y de lo caro que nos puede salir tanto derroche de ineficacia.

Garcés no es tonto. Conoce de primera mano el rechazo de su presencia bajo el arco de la gran mayoría de la hinchada alba. En su fuero interno es consciente que tanta acumulación de inseguridades y fallos le sitúan en el ojo del huracán, aunque éste atrone con furia a 2000 km de distancia.

Nuestro arquero vive en un continuo bucle del que escapar le va a resultar complejo salir, a pesar del apoyo tardío de Pablo Guede y de toda una plantilla que no deja de lanzar loas sobre su figura y aporte al equipo. Desde esta distancia que nos separa intuyo que en Paulo Garcés se instaló hace tiempo la sensación de haberse convertido más en un problema que en una solución.

Y con estas cadenas tiene que lidiar. De su fortaleza mental como portero no pondría la mano en el fuego. Siempre vivió a rebufo de otros porteros. De su fragilidad los hechos dan fiel cuenta de ello. Viviendo como ha vivido desperdiciando multitud de oportunidades, lo lógico y normal es presenciar una decadencia que en Colo-Colo se nota todavía más. Está en un grande.

MI APOYO A GARCÉS

Y a pesar de generarme sus actuaciones tanto quebradero de cabeza e incertidumbre sigo pensando que lo mejor para nuestros intereses es ver a Garcés defendiendo el arco del Cacique. Y se preguntarán el por qué. Y yo paso a contestar.

Casos como el suyo no me pillan desprevenido. A lo largo de la historia se ha dado con mucha frecuencia de equipos necesitados de cubrir bajas de larga duración de sus grandes porteros. Normalmente se nutren de un arquero titular, que en función de la categoría que ostente la entidad contratará a alguien de renombre, seguido de un guardameta con cierto prestigio o señalado como promesa. El tercer integrante suele ser un muchacho joven y sin experiencia cuyo transitar lo vemos en las categorías inferiores de los equipos.    

El orden establecido en Colo-Colo no defiere mucho del resto del mundo, con la salvedad de encontrarnos con un canterano llamado Álvaro Salazar cuya célula de identificación le sitúan ya en los 24 años, lo que viene a significar, que tal y como está montado el fútbol, el estatus de promesa hace tiempo lo dejó atrás.

Tras la grave lesión de Justo Villar, el número dos en el ránking de porteros ascendió un escalón y pasó a ser titular. De esta forma, un Paulo Garcés más curtido y experimentado tomó las riendas del arco albo, otorgando el rol de segundo al casi novato Salazar. Hasta aquí todo correcto. La jerarquía establecida es mantenida en espera de saber el futuro de quien ejerce el papel de maestro.

La ceremonia de la confusión empieza su particular baile cuando el eterno suplente se convierte en problema al no estar a la altura de las circunstancias. Para campeonar o aspirar a conseguir algo importante es fundamental candar muy bien la portería. Dicen los entendidos “que un buen ataque es la mejor defensa, y que una buena defensa hace que el ataque sea mejor”.

Pero por si acaso el ataque no resultase del todo demoledor y a la defensa le diese por fabricar flanes, cuánto mejor proveer la portería con alguien cuyo carisma salvaguarde nuestro honor en forma de figura salvadora. Villar es esa figura rota que Garcés debe sustituir e imitar. Pero la imitación salió descolorida y anclada a argollas con sabor a pasado .Nacen las dudas y el qué hacer.

Soy de los convencidos que dentro del panorama actual que se vive bajo los tres palos en nuestro equipo, la mejor opción consiste en mantener al “Halcón” en su puesto, a pesar del dolor que suponer comprobar a cada partido el cúmulo desmedido de nervios que le agarrotan y le conducen a ejecutar fallos infantiles.

Tengamos claro una cosa. Paulo Garcés no mejorará sus registros mientras en él no se den los condicionantes que generen una mayor seguridad en su persona. No deja de ser significativo que cuando un portero entra en la dinámica de graves fallos alternados con buenas intervenciones, lo que se refleja con mayor intensidad es lo primero.

Cada balón centrado desde la banda; todo saque de esquina o el lanzamiento de una falta peligrosa es convertido en murmullos por una grada que no las tiene todas consigo. Y ese runrún le llega en forma de eco.  Y le crea inestabilidad y a la larga se verá atrapado en un  proceso donde el miedo a fallar toma vida. Por suerte esto no ocurrió el pasado fin de semana. La hinchada alba fue comedida y respetuosa con el hacer de Garcés.  También es cierto que Universidad de Concepción no achuchó en demasía a nuestro arquero.  

Pero antes de escenificar mi apoyo a la continuidad del parralino en el arco albo, demos una vuelta por ese otro mundo, como son los factores psicológicos inherentes al ser humano y cuyos efectos, para bien o para mal, dictan el devenir diario.   

¿QUÉ LE PASA A GARCÉS REALMENTE?

Adentrémonos por un momento en el campo de la psicológica deportiva. Tal vez de esta manera se pueda entender mejor cuanto pasa por la mente de nuestro arquero.

En Garcés se estableció el miedo a fallar. Hay momentos en la competición en la que el jugador en lo único que piensa es en no errar. Este pensamiento, aparentemente correcto, puede tener consecuencias muy negativas sobre la actitud y concentración del deportista.   

La primera sería distinguir entre el miedo a fallar en una situación puntual o como predisposición psicológica previa a competir. En el primer caso, el miedo al fallo aparece cuando el jugador analiza la situación y piensa que tiene poco que ganar y mucho que perder.  Debido a esto, también suele aparecer el miedo al fallo cuando se está consiguiendo un buen papel.

En caso de predisposición psicológica se une a lo anterior el temor a no conseguir el resultado que uno busca o desea. Tanto en uno como en otro caso, la variable psicológica que tiene mayor influencia es la autoconfianza. Cuando un jugador está confiado no piensa en el fallo o en las consecuencias de cometer un determinado error.

Pero una vez metidos en esta dinámica es necesario centrarse en dos consecuencias directas nacidas del crecimiento de una tensión emocional descontrolada y desmedida:

  • -Errores de concentración: cuando cualquier deportista (este el caso de Garcés) está centrado en “no fallar”, la mente esta pensando en el fallo. La causa la encontramos en que no se está indicando a la mente lo que tiene que hacer, sino lo que no tiene que hacer.
  • -Exceso de tensión muscular (TM): otros de los síntomas del miedo al fallo es el aumento de la TM. Cuando nos encontramos ante una situación que consideramos amenazante o peligrosa el cuerpo reacciona tensando los músculos y segregando adrenalina. El grado de tensión viene marcado únicamente por la interpretación subjetiva a esa situación.

Cuando el miedo al fallo es tan acusado que el jugador anticipa los errores y no puede evitar pensar en el error, la TM es tan alta que éste se siente como encogido y agarrotado e incapaz de soltarse y maniobrar con precisión.

En estos momentos se produce un bloqueo muscular pero también mental, ya que el jugador no sabe lo que pasa ni cómo salvar la situación llegando a causar ansiedad y agobio antes y durante el partido.  

SOY ESE 29%

Hace apenas unos días a través de @SomosChileRadio se formulaba a cuant@s deseasen participar una pregunta bien sencilla que no dejaba lugar a dudas. La cuestión era saber si el portero titular después del encuentro contra la “U” debiera ser Garcés o Salazar. Yo fui de esos pocos que apostó por la continuidad de quien hasta ahora ostenta tal responsabilidad.  

Ser entrenador no es tarea fácil. En cada convocatoria, pongo por ejemplo, el míster debe dejar fuera a una serie de elementos del plantel siendo conocedor que en gran parte de las ocasiones deja un poso de tristeza en quien no fue citado.

Pablo Guede tenía claro desde un principio el papel que tanto Justo Villar como Paulo Garcés y Álvaro Salazar disponían en la plantilla. En ese sentido, podría afirmar sin temor a equivocarme, que la parcela de la portería no le era un problema añadido. Hasta que la relativa calma permutó en tornado cuando la maltrecha rodilla de Villar dijo adiós a la temporada del paraguayo.   

Con las ideas claras y supongo conocedor de ciertos aspectos por el que se rige el fútbol, nuestro DT no dudó un instante en seguir con el plan previsto desde un principio y concedió a Garcés la potestad de guiar al equipo desde la retaguardia.

Pero las cosas se torcieron. Nuestro nuevo portero titular empezó a flaquear. Los nervios hicieron acto de presencia y la tan temida inseguridad surgió de golpe. Cuando un arquero no transmite sensación de tranquilidad se establece en el resto de jugadores el denominado “efecto dominó”, consistente en arrastrar, sobre todo a la defensa, hacia un extraño sentimiento de inquietud. Al margen de las constantes rotaciones debido a las lesiones y la presión de vestir la camiseta alba, el añadido de unas intervenciones para nada satisfactorias de quien debe procurar que los rivales no alcancen el éxtasis, dan como resultado puntos perdidos y la creencia generalizada de que sólo hay un culpable.   

Nuestro entrenador y yo debemos coincidir  en la misma apreciación: lo perjudicial y pernicioso que resultaría ahora no mantener a Garcés bajo los tres palos. Con un escaso margen de maniobra y un torneo circulando más allá de su ecuador, arriesgarlo todo poniendo a Salazar de titular sería como adentrarse en mar sin saber nadar y no portar flotadores.  

Un riesgo que debe asumirse en estos casos consiste es aguantar cuanto mayor tiempo sea posible con el ideario establecido desde un principio a sabiendas de lo frágil y resbaladizo que siempre supone cubrir el arco. Es el lugar de mayor riesgo y continuamente expuesto a los fríos aires polares. Un error, una mala decisión, un despiste o un no saber estar pueden dar al traste con la victoria y los objetivos marcados.

Soy firme defensor de salvaguardar el orden establecido debajo de la portería mientras nos estemos jugando algo. Suele decirse que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”, aunque en esto del fútbol nunca se sabe dónde se haya lo bueno y dónde lo malo.

UN ENIGMA LLAMADO SALAZAR  

Para Guede sería muy fácil dejarse llevar por los reclamos de los aficionad@s. Tendría el camino alisado y restaría sobre sus espaldas la pesada losa de ver escapar puntos tal vez decisorios de cara al tramo final del Clausura.   

Es conocedor nuestro DT de la importancia y relevancia de la situación. Con un Villar inservible y un Garcés mil veces cuestionado por méritos propios, en su fuero interno late el riesgo, siempre latente, de liarse la manta a la cabeza y poner en marcha el plan C de cuyo resultado final puede salir escaldado si a Salazar, todo un enigma por descubrir, le diese por errar igual que su predecesor en el cargo.

Con el depósito en reserva, un margen de maniobra pequeño y afrontando las duras cuestas finales de un torneo apretado en exceso, lo pragmático consiste en no quemar a Garcés y cuidar de que Salazar no se pierda en misticismos ni diatribas existencialistas. Churruscar a fuego lento a un portero sin saber muy bien cuál será la respuesta del suplente del suplente es abrir un camino bicefálico: o puede salir muy bien o ser un auténtico desastre.

Si se juega con fuego es muy probable que las brasas nos alcancen, de igual forma se nos vino encima un futuro antes de tiempo. Cuando todo está en juego la mejor opción es no deshojar los pétalos de la suerte, no vaya a ocurrir que ésta se encuentre en estado de hibernación y no se entere de nuestros llamados.  

FUERA HOGUERAS

Ahora que ilustre exarqueros albos como Roberto “Cóndor” Rojas (1982-87), el uruguayo Claudio Arbiza (1996-2000) o el argentino Sebastián Cejas (2006-07) hicieron corporación a favor de Paulo Garcés, mediante sus experiencias. Ahora del conocimiento de las serias deficiencias mostradas por el “Halcón”. Ahora que sabemos de Guede no desea jugarse la 32 al 50% (50 para Garcés, 50 por Salazar). Ahora que Garcés firmó hasta el 2019 y mantuvo su arco a cero ante Universidad de Concepción. Ahora que un tal Nicolás Peric (Audax Italiano) le da por soñar en voz alta. Ahora que a Salazar le dio por la mística. Ahora que Aníbal Mosa está distraído entre tanto chino y suculentas ganancias. Ahora… ahora es tiempo de no prender la chispa que avive la hoguera.   

Con un Colo-Colo convulsionado y una masa social expectante y preocupada llegó la hora de averiguar si a Paulo Garcés los colmillos del fútbol se le clavaron fuerte o por el contrario, supo cauterizarlas y así emerger  de sus eternas carencias. Sólo de él depende ahora mismo que Álvaro Salazar levante por fin el vuelo o prosiga con su interminable espera. Espera, por otro lado, que allá por el mes de junio (estamos ahora en abril) puede abrirle el camino si Justo Villar se retira y el propio Garcés insiste el cavar su tumba. Carrera de enterrador lleva.  

Sería una buena señal no verle escavar las tierras de Macul antes de tiempo. Si a Garcés le da por enterrar sus sueños al menos es de desear no incinere los nuestros.

FUERZA ALBA  

 

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