DESDE ESPAÑA CON AMOR | Golpes de campeón

Autor | José Luis Peña

Estimad@s colocolin@s y cuantos siguen mis columnas, no quisiera que se me asustaran, puesto que tomé la firme decisión de no hablar del 3-0 que recibimos del Atlético Mineiro por Copa Libertadores y del perjuicio que dicho resultado nos puede causar. Solo mencionar -a modo de paso-  que de las tres finales que nos quedaban por jugar, una ya la quemamos y nos obliga a disputar a cara de perro las dos que nos restan por dirimir, dejando claro, eso sí, que ya no dependemos de nosotros mismos, al menos que se gane al Melgar en su cancha de juego para inmediatamente acudir al cardiólogo más cercano ante el transcendental partido contra Independiente del Valle en el Monumental David Arellano programado para el próximo día 4 de abril.

Ni tan siquiera voy a abordar el tema de las rotaciones efectuadas últimamente por José Luis “El Coto” Sierra en el torneo doméstico, ya que durante el encuentro disputado y el post partido ante San Marcos de Arica ya emití una serie de opiniones con respecto a este tema y, que por otra parte, el experimento se mostró fallido y que trajo como consecuencia no solo una derrota contra dicho equipo (colista del Clausura’2016), sino un recrudecimiento contra la táctica de dosificar a jugadores importantes de la plantilla para tenerlos descansados y en perfecta forma de cara al encuentro contra el equipo brasileño. Expuse en su momento que las tan traídas rotaciones solo debieron afectar a 2 o 3 jugadores y no a todo el sistema de juego, incluyendo a un grupo de buenos jugadores inexpertos, jóvenes y poco conjuntados que se vieron desbordados por el estadio, los colores a defender y hasta por el ambiente de la grada. Los estados de ansiedad si ya son de por sí preocupantes en jugadores veteranos, en muchachos jóvenes y sin experiencia tienden a pasar una factura un tanto indeseable y, del que debieran aprender por la vía rápida si no quieren ver quemado su futuro próximo.

En esta ocasión quisiera hablar de un tema que en seno de los socios, hinchas, aficionados y simpatizantes en general de nuestro equipo del alma se encuentra sumamente enraizado, surgida como una idea recurrente y que nace del ideario de que “los equipos rivales lo dejan todo en el terreno de juego cuando disputan su partido contra Colo-Colo”. Incluso, en más de una ocasión, a esta frase se le tiende a añadir una serie de comentarios tales como: “así justifican el torneo” o “ganar al Colo-Colo lo es todo para los contrincantes”, aunque luego transiten de derrota en derrota a lo largo del campeonato. Se trata de un automatismo que ha calado en el pensamiento de los seguidores a lo largo de la historia de nuestro club. No se entiende bien el ímpetu, la garra, el desparpajo y la lucha impuesta por conjuntos a priori mucho más flojos y débiles que Colo-Colo cuando se tienen que enfrentar al más popular.

Debo reconocer que yo, en un principio, también pensaba lo mismo y participaba de dicha idea. Personalmente lo achacaba a la idiosincrasia y particularidades del fútbol chileno y a la rivalidad existente por destronar al más grande club de la historia de Chile. Pero a lo largo de estos últimos meses, a base de escuchar los partidos en directo e intentar leer alguna que otra crónica, amén de mi ímpetu por adquirir cuantos más conocimientos sobre el mundo del fútbol en Chile, he llegado a una conclusión muy diferente a la planteada en un principio.

A mi entender partimos de un criterio falso (no se dejan la vida en el envite) que nace de forma mecánica cuando presenciamos un partido entre el más laureado club de Chile (Colo-Colo) y otro equipo que podríamos denominar del montón; esos conjuntos que difícilmente obtendrán una estrella en sus palmares y que su máxima aspiración es:

1) no descender;

2) intentar hacer un campeonato lo más digno posible;

3) o buscar participar en algún torneo internacional.

Cuando estos equipos más débiles y de menor fuste (siempre refiriéndome a sus plantillas y la calidad de éstas), se enfrentan a nuestro querido Colo-Colo saben que lo están haciendo ante un adversario que por jerarquía, historial, masa social y hasta por cierta obligatoriedad impuesta, es quien debe llevar la iniciativa del juego y del que se espera la victoria. En definitiva, quien más debe exponer y arriesgar. Tradicionalmente este rol de ganador ha sido casi siempre así desde la fundación de Colo-Colo (la historia de títulos y gestas conseguidas lo atestiguan) y a la par de estos títulos nació, creció y se consagró el cliché mental de lo complicado y difícil que resulta quebrar y vencer al todopoderoso gigante chileno.

Las razones por las cuales considero que cualquier equipo que se enfrenta al Cacique pareciera que estuviera disputando el partido del año o de su vida, no creo que vengan determinadas por justificar una temporada (de nada les serviría ganarnos si luego perdiesen la categoría o no alcanzasen a entrar en puestos de Libertadores o Copa Sudamericana).  Analicemos entonces las causas más que razonables de la transformación de ciertos conjuntos a la hora de enfrentarse al Colo-Colo:

ESCAPARATE

Para todo jugador rival los enfrentamientos contra el eterno campeón tienen un plus de motivación. Saben de antemano que para ellos es una posibilidad de demostrar su valía y, de esta manera, intentar abrir ventanas de cara a su futuro. Razón más que suficiente para darlo todo cuando son conscientes de que son observados con lupa. En este apartado se mezcla por un lado, el lógico orgullo que todo jugador de fútbol debe tener y el ansia de ir escalando en su carrera deportiva.

POR HISTORIA

La historia a querido que Colo-Colo y todo cuanto le rodea atraiga la atención de todos los rivales que se enfrentan a él. Es el enemigo a batir; la batalla a ganar aunque no se gane la guerra y el muro que salvar. Los conjuntos rivales juegan contra Colo-Colo con la doble idea de que si pierden nadie les reprochará nada y de que si ganan poco menos que se convertirán en héroes ante su afición.

SEÑAS DE IDENTIDAD COLOCOLINAS

El estatus adquirido a lo largo de su historia por parte del conjunto albo puede ser una condena a pagar pero también una bendición. El equipo que nos representa y del que nos sentimos orgullosos debe ser valiente en los planteamientos, no presentándose jamás timorato ni mezquino a la hora de disputar partido alguno y del que se exige entrega, garra y pundonor (y si es con buen fútbol, mejor que mejor). Palabras como equipo ultradefensivo, especulativo o leñero no entran en el vocabulario colocolino. Esta manera de sentir la historia obliga a nuestro club a plantear partidos más abiertos y directos de lo que habitualmente ofertan los rivales, esto es, defensas y centrocampismo a ultranza, pero también abre espacios y otorga al rival la posibilidad de atacar con mayor asiduidad nuestra área.

En resumen, considero que los rivales de turno no es que se dejen la piel contra Colo-Colo para salvar los muebles, si no que es nuestro propio equipo quien les brinda la oportunidad de brillar (tanto a nivel individual como de forma colectiva) aunque sea por un día. Es el bendito precio que debemos pagar jornada tras jornada. Son los golpes que todo campeón debe sufrir, campeón, por otra parte, enseñado y preparado no solo para recibirlos si no también para darlos, que para eso somos los eternos campeones.

FUERZA ALBA

ver más...

Noticias Relacionadas, ¿las viste?