“¡Vámonos Quiñones!”

Hay un partido que quiero ver antes que me muera de nuevo: Colo-Colo – Magallanes. Para mí esa rivalidad no morirá nunca. Veo el Colo-Colo – Universidad de Chile como un clásico, es verdad. Quiero ganarles, quiero humillarlos, quiero ganarles otro campeonato en la cara, quiero que se vayan a la B, estoy chato de sus mentiras y su patética forma de ver el futbol poniendo a la hinchada por sobre los 11 que están en cancha. Pero Magallanes… Magallanes es ese viejo enemigo que se fue por un tiempo, pero cuando vuelva a tu territorio, tienes que hacerlo que la pase mal, porque hay humillaciones que no se olvidan aunque pasen los años.

David Arellano estaba en posición de convertirse en el próximo capitán de la ‘Academia’ cuando junto a otros jóvenes del plantel propusieron a la dirigencia y a los socios profesionalizar la institución, que se regularizara el pago a los jugadores y que sacaran a algunos miembros del equipo que ya no estaban rindiendo, pero seguían jugando porque eran “inamovibles”. Cuando Arellano y sus colegas propusieron cambios en una reunión, que siempre imagino muy acalorada con gritos por todos lados (No digo que haya sido así, es como la imagino), los directivos rechazaron todas las ideas e impidieron que David asumiera como capitán del equipo. Imagino a David ofuscado caminando hacia la puerta de salida de la sede de Magallanes mientras Juan Quiñones sigue intentando inútilmente convencer a los dirigentes de escuchar la propuesta de los jugadores. Antes de llegar a la puerta veo mentalmente a David Arellano con la frente en alto gritando “¡Vámonos Quiñones! ¡Deja que jueguen los viejos!”

Mi imaginación dibuja esa escena con heroísmo y decisión. Estoy convencido que eso era lo que motivaba a Arellano.

Magallanes fue soberbio. Fue el primer campeón del fútbol chileno y el primero en obtener un tricampeonato (Honor que solo tienen 3 equipos en Chile, pero tetracampeón hay xno solo…) lo cual es digno de respeto y ojalá, por el bien del fútbol que el Club Magallanes nunca desaparezca, porque con ellos desaparecería una importante fracción de la historia del futbol nacional… Pero yo no olvido. No olvido la humillación al gran David Arellano. No olvido que quisieron seguir con las prácticas antiguas, con lo añejo, lo anticuado. No quisieron levantar el nivel de su institución y así el del fútbol chileno. No quisieron regularizar los sueldos de sus jugadores, que es tan importante para la dignidad de un empleado. No quisieron dar el salto. Fueron mediocres. Eso no lo voy a olvidar jamás.

Precisamente es por eso que lo de Colo-Colo es tan honorable. Arellano, solo con la convicción de formar una institución deportiva que promoviera la vida sana, el trabajo en equipo y el respeto hacia el rival, formó un equipo que ahora es de los más grandes de América. Se convirtió en el primer equipo en ir a medirse con equipos extranjeros, cuando en Chile nadie quería salir. Fue el primer hombre en morir defendiendo los colores de la camiseta que él mismo creó para representar pureza y seriedad.

Por usted, Don David, espero que Magallanes vuelva a Primera División algún día y ese día cobraremos venganza en la cancha por las humillaciones que usted pasó en ese equipo. Ellos fueron los más grandes en su época… Pero ahora el grande es el que ellos despreciaron. Gracias por haberse ido de ese club mediocre y formar un Club que solo busca la excelencia y grandeza.

La rivalidad con Magallanes no la olvido. Y espero ver esa rivalidad en la cancha de nuevo.

Obviamente que la rivalidad debe ser solamente deportiva. ¿Qué clase de imbécil transformaría la rivalidad deportiva en personal y llevarlo a la violencia? Bueno… Hay miles de imbéciles en todos lados y ojalá que no vuelvan a entrar nunca más a un estadio de fútbol.

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